Magia
rúnica
Existen algunos registros históricos que muestran que las runas además de
un sistema de escritura fueron usadas con
fines mágicos.
Aunque la habilidad de leer los textos rúnicos fueron en la población escandinava
en la Edad Media,
durante el siglo III
y VIII.
La propia palabra runa, procedente del gótico,
proviene de la raíz «run-» que significa «secreto», «susurro». Además las runas
no tenían nombres abstractos, sino que se designaban por palabras comunes que
empezaban por el sonido representado por la runa.
También existió la creencia de que las runas tenían el poder de
materializar los hechizos, invocaciones o maldiciones escritos sobre
determinados objetos.
Los primeros registros atribuidos a usos mágicos datan del periodo Edad de
Hierro romana, y consisten en inscripciones no lingüísticas y
apariciones de la palabra «alu
(ᚨᛚᚢ)».
En la Edad Moderna también aparecen menciones de
estas creencias en los relatos folklóricos y derivaciones en las supersticiones
como los Símbolos mágicos de Islandia.
En el siglo
XX resurgieron formas de adivinación rúnica ligadas en principio a la aparición
del Neopaganismo germánico, y varios ocultistas
inventaron formas de adivinación nuevas, e incluso sistemas de runas nuevos,
aunque generalmente inspirados en las runas en los alfabetos
históricos.
Asimismo se han encontrado unos pocos aros de la época vikinga
con inscripciones aparentemente de naturaleza mágica, como el aro de Kingmoor.
Existen registros históricos que mencionan que los pueblos germánicos usaban diversas formas de
adivinación y lectura de los augurios.